Hoy os proponemos una merienda dulce, con un ingrediente que hemos utilizado en más de una ocasión, pero que hoy os vamos a contar cómo se hace, para que lo preparéis en casa cuando os apetezca. Se trata del dulce de membrillo.
En primer lugar, lavaremos bien 5 membrillos y los pondremos a hervir con suficiente agua como para que los cubra y el zumo de un limón. Cuando notemos que están bien blandos, sin llegar a deshacerse, los sacamos del fuego y los dejamos enfriar y escurrir. Les quitamos la piel y vamos sacando la carne, con cuidado de no coger la parte cercana al corazón ya que es más granulosa.
Una vez tenemos la carne de los membrillos, lo pasamos por la batidora. Aquí tenemos que ver cuánto os pesa la carne del membrillo para hacer la proporción de azúcar: añadiremos por lo menos la mitad del peso en azúcar, es decir, 500 g de azúcar por cada kilo de membrillo. Pero si os gusta algo más dulce, podéis poner alrededor de 600 g de azúcar por kilo de membrillo.
Lo ponemos todo a fuego lento y vamos removiendo, la cosa es que se evapore el agua y quede una pasta densa. Cuando al meter la cuchara, se haga un agujero es que ya lo tenemos.
El punto final va a gustos, según lo prefiráis más duro o más cremoso. Ahora necesitamos envases para conservarlo, por ejemplo… ¡Las tarrinas de las ricas margarinas que os habéis comido hasta la fecha!
Las rellenáis y conserváis el membrillo en la nevera mientras os lo merendáis con una rebanada de pan untada con margarina Tulipán. Y si además tenéis la suerte de dar con un pan de queso como el que os presentamos en la foto, la exquisitez está asegurada (o el recurso fácil: le añadís una loncha de queso y seguro que está delicioso).
¡Serviros una horchata fresquita y a disfrutar!
Ingredientes: azúcar, margarina Tulipán, membrillo, pan de queso, Queso, zumo de limón